La vida avanza y yo yazco aquí inerte, sin vida, esperando en la espera de algo que esté por venir, que me dé aliento, que me reviva. Inconclusos e incomodantes son los destellos opacos que salen de mi cabeza, los que me hacen saber que muy poco vale la pena, que el sentido real ya carece. La vida burlona me mira sonriente vestida de verde y me dice jugando que todo está bien. ¡Maldita víbora! ¿Se pasea ilusa por las corruptas sendas, se vuelca con tierra que no tiene vida y se siente osada de decir que todo está en orden? No, reuso pensar en eso. Mis caminos son oscuros pero están ahí, esperando que me equivoque una vez más para mostrarme quien soy en realidad. Una lacra que busca ser limpia, una rosa que no tiene espinas, un gran árbol que no tiene raíces que lo sostengan. Un perfecto ser imperfecto en un mundo lleno de espejismos, de miradas turbias y de deseos reprimidos. Un lugar ultrajado por bestias y destruido por entes que carecen de visión, entes ilusos, entes de temor, entes de terror. La vida sigue sonriente vestida de verde mientas yo sigo inerte saboreando la maldad impune que me rodea noche tras noche, mientras yazco aquí, esperando.
En esta última semana han pasado demasiados grandes acontecimientos que han dejado su huella en la historia del mundo. Muchos cambios, muchas cosas positivas y muchas cosas negativas. En lo que lleva de semana se han muerto alrededor de 7 celebridades o personas famosas y cada una de ellas dejó un legado en el mundo, un mensaje, una gota de agua aportada en este enorme océano.
Pero cada una de estas cosas trae a mi preocupación la insensibilidad de muchos ante tan graves noticias. Algunas personas lo ignoran, otras deciden mofarse, otras se alegran de la situación e incluso se enorgullecen de las barbaridades que dicen. Cada persona tiene su opinión y respeto eso. Lo que quiero entender es que hemos hecho para ser tan insensibles. ¿En qué momento de nuestra vida nos hicimos los tercos individualistas que habitan este mundo? ¿Dónde quedaron los mensajes de paz y amor que tanto fomentábamos? ¿Dónde quedó la inocencia y la gracia de los niños? ¿Dónde quedó el respeto y la seriedad de los adultos? ¿Donde quedaron los sueños y los ideales de la juventud?
No hace falta decir que nos hemos perdido en el camino. La vida pasa y nosotros simplemente la vemos como se nos escapa de las manos. Nos hemos atrasado en el camino que con tanto empeño hemos forjado. Ya casi no hay respeto, no hay dignidad, no hay amor.
¿Qué nos pasó? ¿Se nos olvidó amar? ¿Se nos olvidó ayudar al que necesita? ¿O no nos da la gana?
Yo no se lo que está pasando, pero sé que hay mucho más que “re-pensar”.
Te dejo con eso… Solo recuerda: “The clock is ticking!”
Es bien difícil guardar un sentimiento, tal vez sea miedo, fracaso, soledad… Como también resulta difícil mantener una cara alegre y viva ante todos, cuando por dentro mueres de dolor, de depresión, de desilusión. Cabe notar que siempre se te celebran los triunfos, los logros, las metas alcanzadas y los sueños por realizarte, así como se te condenan los errores, los pesares, las malas decisiones y el ir en contra de la corriente. Pero hoy, específicamente hoy, mi pregunta otra: ¿Porqué no me aplauden el teatrito? o mejor dicho ¿porqué no me lo condenan? ¿Acaso son demasiado ciegos para darse cuenta que aparento lo que no soy, o acaso es que soy un excelente actor? ¿Hasta cuando dejaré de ser un falso por ser como ellos quieren que sea? ¿Cuando comenzaré a ser mi propia verdad, ser quien quiero realmente ser? No puedo sacarme de la cabeza como he sido manipulado en diferentes maneras a ser simplemente un robot que actua por un comando que no viene de mí. Siempre he sido el ideal, el especial, el respetuoso y educado, el inteligente, el sabio, el que sabe que decir, el que es espiritual, el que acepta las cosas tal y cual son… Pero ¿quien me preguntó como me veía yo? ¿A quién le importó un carajo el como yo me sintiera en realidad? Yo soy quien soy, el que me he formado a lo largo del tiempo. Un verdadero fracaso. Un simple perdedor que se dió cuenta de lo que era demasiado tarde. Alguien que no le quedan fuerzas por hacer lo que desea ser porque simplemente no las tiene. Porque su ambición es diferente a lo que le rodea, porque le falta fuerza de voluntad para enfrentarse a quienes lo oprimen, porque no tiene “los cojones” para valerse por si mismo. Un ser sufrido con un corazón podrido que busca con fé muerta y esperanza caída una respuesta a lo que le rodea, que quiere cambiar lo que es por ser lo que desea ser. Un fracasado que escribe esto hoy, a lágrima cargada, a palabra viva.
Saludos! Quiero compartir con ustedes este poema del maestro Juan Antonio Corretjer, el cual les hará crear conciencia de lo que tenemos por patria y en cierta manera les traerá un pequeño trasfondo histórico. El poema se llama “Oubao Moin“,que significa “Isla de Sangre“, nombre con el que los caribes llamaban a nuestra isla.
Oubao Moin
por: Juan Antonio Corretjer
El río de Corozal, el de la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El Río Manatuabón tiene la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El rio Cibuco escribe su nombre con letra dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
Allí se inventó un criadero. Allí el quinto se pagaba.
La tierra era de oro. La tierra está ensangrentada.
En donde hundió la arboleda su raíz en tierra dorada,
allí las ramas chorrean sangre. La arboleda está ensangrentada.
Donde dobló la frente india, bien sea tierra, bien sea agua,
bajo el peso de la cadena, entre los hierros de la ergástula,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el negro quebró sus hombros, bien sea tierra o sea agua,
y su cuerpo marcó el carimbo y abrió el látigo su espalda,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el blanco pobre ha sufrido los horrores de la peonada,
bajo el machete del mayoral y la libreta de jornada
y el abuso del señorito, allí sea tierra o allí sea agua,
allí la tierra está maldita y corre el agua envenenada.
Gloria a esas manos aborígenes porque trabajaban.
Gloria a esas manos negras porque trabajaban.
Gloria a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos indias, negras, blancas,
de entre esas manos nos salió la patria.
Gloria a las manos que la mina excavaran.
Gloria a las manos que el ganado cuidaran.
Gloria a las manos que el tabaco, que la caña y el café sembraran.
Gloria a las manos que los pastos talaran.
Gloria a las manos que los bosques clarearan.
Gloria a las manos que los ríos y los caños y los mares bogaran.
Gloria a las manos que los caminos trabajaran.
Gloria a las manos que las casas levantaran.
Gloria a las manos que las ruedas giraran.
Gloria a las manos que las carreteras y los coches llevaran.
Gloria a las manos que las mulas y caballos ensillaran y desensillaran.
Gloria a las manos que los hatos de cabras pastaran.
Gloria a las manos que cuidaron de las piaras.
Gloria a las manos que las gallinas, los pavos y los patos criaran.
Gloria a todas las manos de todos los hombres y mujeres que trabajaron.
Porque ellas la patria amasaran.
Y gloria a las manos, a todas las manos que hoy trabajan
porque ellas constuyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada.
¡La patria de todas las manos que trabajan!
Para ellas y para su patria, ¡Alabanza!, ¡Alabanza!
Saludos! Aqui les dejo un ensayo de uno de mis escritores favoritos. Espero les abra la mente a pensar más allá de lo que se ve…
Hay que ser realmente idiota para… por: Julio Cortázar
Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.
Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.
Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforecente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso –lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad– yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con o que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.
- Julio Cortázar
También les dejo un cortometraje inspirado en este ensayo:
Muero por dentro, sin anhelos, sin sueños.La mala vida y la mala gente ha gastado lo poco que queda de mi. Mi razón de ser se ha transformado en una interrogante…
¿Qué hacer?
Me quedo mirando como mi cuerpo y alma se descomponen por seguir caprichos de hipócritas o me valgo por mi mismo, por lo que he obtenido. No he llegado solo, pero trabajo me ha costado. Dejo atras mis sueños o me lanzo a alcanzarlos. Sigo patrones o rompo esquemas. Voy con la multitud o voy con mi propia mente. Interrogantes que surgen del deseo de alcanzar algo, de ser productivo, de dar al mundo mucho más de lo que he recibido. Pero ante todo, callo. Callo por no ser malentendido, callo por no ser malinterpretado. Solo callo porque es lo mejor.
¿Lo mejor para quién?
No se. Tal vez para mí. Tal vez para los otros. Ya qué mas da, ¿no? El mundo gira alrededor de ellos comoquiera aunque dentro de mi sepa que no es asi.
No pude evitar pensar en lo que pasaba. La vi rampante, airosa, triunfadora. Podía fácilmente tener el mundo en sus manos. ¿Acaso fué mi imaginación, o todo fué producto de la euforia que me transmitía? Luché por dar significado a lo que por ignorancia identifiqué como extraño. Pero el hecho ahi estaba y no paraba de ser marcado por el tiempo. Me acerqué, tratando de conocer, de entender lo que ella experimentaba. La miré y la invité a dialogar conmigo. Su diálogo fue distinto, fue algo no común. Sus ojos flamantes me demostraban la emoción que de su corazón palpitaba. Su voz retumbante hacía juego con el sudor que recorría por su cuerpo. Se mostraba victoriosa, se sentía orgullosa. Yo, confundido en mi opinión, buscaba que mi empatía me mostrara lo esotérico de su mirada, la retórica de su épica, el canon profundo que producían sus sentimientos al compás de la vida que marcaba ese momento. Su triunfo, su victoria. No fue hasta en el último momento que pude darme cuenta de la situación que se presentaba. No era llegar al cielo, no era cruzar un desierto. Era la satisfación, un simple desliz de la bomba de tu emoción. Vivías tu momento y era mi lugar el compartirlo contigo.
Así comenzó este día, este ‘nuevo’ año. Se siente la esperanza, la alegría, la expectativa de los que celebran. Celebran en compañerismo lo que tienen ya por tradición, por religión. Todo tiene un orden que no puede ser cambiado. No dudaría ni un segundo que en esta época es cuando la mayoría de los humanos estamos unánimes en sentimiento festivo, unidos por lo que tenemos y por lo que anhelamos recibir en estos 365 días venideros…
Pero no todo es color de rosas, no todo es lindo, no todo es hermoso. Está el que padece, está el que se duele, está el que no tiene. Miran la vida con optimismo, implorando un pequeño cambio que de rumbo distinto a sus vidas. Desean encontrar nuevos rumbos, nuevos caminos. Desean la esperanza de una vida completa, desean sentir que realmente valen la pena. Pero a pesar de todo, la indiferencia siempre juega sucio y no permite que la caridad obre. La amarga noche se acerca y los animos decaen, los sentimientos se derrumban, los ojos se cierran y comienza la rutina…
La musa hoy está distante, está indiferente. Yo, sentado en la espera de lo que se avecina espero ser secuestrado por ella, ser atacado por la inspiración que solo ella sabe darme. Pero ella está ahí, indiferente, la pobre musa se siente inerte…
La musa en su frustración por lo que se avecina me muestra mi realidad, me deja saber que sin ella soy polvo, que mis palabras carecen sentido, que mis sentimientos no serán entendidos. Solo ella tiene la sutil manera de hacerme ser quien soy., de darme identidad. En su sentir me muestra que soy un poeta, un poeta que debate con la vida y un trovador que canta al aire con palabras de silencio, sin música, sin instrumento, un trovador que no deja hacer sentir su pensar por miedo a herir, a desafiar, a llevar palabras de realidad a cualquiera que se vea aludido. La musa me consume, me devora, me mata. Me hace descubrir sentimientos que no había experimentado antes, me hace surcar por lugares que no pensé ver jamás. La musa me seduce y me invita a ser uno con ella, a entenderla, a quererla, a amarla…
Por ella soy poeta, soy el verso que ella redacta, la retorica que ella canta. Poeta porque me nace, porque me sale, porque me llena ser así. Lo que escribo me identifica, me refleja, me hace ser el más vulnerable. Soy poeta porque lo que llevo dentro necesita ser escuchado, necesita ser descifrado. Poeta, no por vocación, no por profesión, solo porque lo soy, lo vivo, lo siento, lo escribo, lo entrego…
Por ella soy trovador, soy la canción que ella escribe, la música que ella compone. Trovador porque lo soy, porque lo quiero. La sinfonía que lleva mi vida me hace moverme al compás del tiempo, a la adrenalina del momento. Lo que canto me pone nombre, deja saber al mundo de donde vengo, a donde voy. Soy trovador porque tengo melodía por sangre que muere ser desbordada a los fines más esotéricos del mundo…
La musa me hace andante, me hace vidente, la musa despierta mis sentidos y los lleva a otros niveles. Por ella canto, por ella lloro, por ella vivo, por ella muero. La musa me confunde, me hace adicto a su manera de ver la vida, me hace depender de ella…
La musa se siente inerte.
La musa está indiferente.
Carezco de identidad y mi en mi mente solo retumba una pregunta, una incógnita, un dilema que necesita una respuesta: